19° Domingo durante el año


1 Reyes 19, 9.11-13a Salmo 84, 9-14 Romanos 9, 1-5 Mateo 14, 22-33

“Pedro dijo: Mándame ir a tu encuentro sobre el agua. Me atrevo como hombre, pero no se lo pido a un hombre. Que me lo ordene el Dios-hombre, para que yo pueda hacer lo que no puede hacer un simple hombre.
Ven, le respondió Jesús. Y él bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua. Pedro pudo hacer esto porque se lo ordenaba la Piedra. Eso es lo que Pedro pudo hacer por gracia del Señor; ¿y qué pudo hacer por sus propias fuerzas? Al ver la violencia del viento, tuvo miedo y, como empezaba a hundirse, gritó: ¡Señor, estoy perdido, sálvame!  Tuvo confianza en el Señor, y pudo hacerlo gracias al Señor; titubeó como hombre y se volvió al Señor.

Un salmo dice:  Si pienso; mi pie vacila...; ésta es la letra de un himno sagrado y, si lo comprendemos, y más aún si lo queremos, es también la nuestra. Si pienso: mi pie vacila... ¿Por qué vacila, sino porque es mío? ¿Y cómo sigue? Tu misericordia, Señor, me sostiene (Sal 94, 18). No mi fuerza, sino tu misericordia. ¿Abandonó el Señor cuando vacilaba al que había escuchado invocarlo? Si así fuera, ¿dónde quedaría el alegato: Quién lo invocó y fue abandonado (Eclo 2, 10)? ¿Dónde la afirmación: Todo el que invoque el nombre del Señor será salvado (Rom 10, 13; Jl 3, 5)? Extendiéndole en seguida su mano para ayudarlo, levantó al que se hundía, y reprendió al que desconfiaba: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Tuviste confianza en mí y después dudaste de mí.


¡Vamos hermanos!, hay que terminar el sermón. Consideren el mundo como si fuera un mar, el viento es violento y hay una gran tempestad. Para cada uno, la propia codicia es una tempestad. Si amas a Dios, caminarás sobre el mar y la soberbia del mundo estará bajo tus pies. Pero si tú amas al mundo, la tempestad te tragará. Ella puede devorar a sus amantes, pero no puede sostenerlos. Ahora bien, cuando tu corazón se vea agitado por la codicia, invoca la divinidad de Cristo para que puedas vencerla. ¿Ustedes creen que sopla viento contrario sólo cuando surge la adversidad de este mundo? En efecto, se piensa que sopla viento contrario y que se debe invocar a Dios cuando hay guerras, cuando hay alborotos, cuando hay hambre o pestes, o cuando a un hombre cualquiera le sucede una desgracia personal. En cambio, cuando el mundo nos sonríe con la felicidad temporal, nos parece que no hubiera viento contrario. Tú aquí no debes preguntar por la tranquilidad del mundo, sino por tu codicia. Mira si hay tranquilidad dentro de ti; mira si no te asola un viento interior; esto es lo que debes ver. Es signo de gran virtud combatir contra la felicidad para que ésta no nos encadene, no nos corrompa, no nos arruine. Es signo de gran virtud —digo— combatir contra la felicidad; es una gran felicidad no dejarse vencer por la felicidad. Aprende a pisotear el mundo; acuérdate de poner la confianza en Cristo. Y si tu pie vacila, si titubeas, si no logras superar algo, si empiezas a hundirte, di: ¡Señor, estoy perdido, sálvame! Di: ‘Estoy perdido’, para no perderte. Porque sólo te liberará de la muerte de la carne el que por ti murió en la carne.” (S. 76, 8-9)

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