Miles de personas no tienen acceso al agua y su mala utilización lleva a la sociedad a una grave crisis. En el Día Internacional del Agua, el agustino recoleto Jaazeal Jakosalem trata este asunto en el artículo

El agua es un elemento importante de la vida. Las comunidades no pueden sobrevivir sin agua. La situación actual nos impulsa a actuar para proteger uno de nuestros recursos vitales. El objetivo 6 de la Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible nos dice que “todavía hay demasiadas personas que carecen de acceso a servicios de abastecimiento de agua e instalaciones de saneamiento gestionados de manera segura. La escasez, las inundaciones y la falta de una gestión adecuada de las aguas residuales también obstaculizan el desarrollo social y económico. Aumentar la eficiencia hídrica y mejorar la gestión del agua son fundamentales para equilibrar la demanda de diversos sectores y usuarios, que compiten entre sí y crecen cada vez más”.

Necesitamos ver las realidades que rodean la situación desde la perspectiva global y local. ¿Estamos preparados para afrontar esta crisis? “Sin agua limpia y de fácil acceso, las familias y las comunidades serán pobres”. La escasez del agua es uno de los impactos más severos del cambio climático; si no abordamos la crisis ambiental, seguiremos sufriendo la crisis.

El impacto de la crisis mundial del agua en la salud es preocupante. La Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente 2,2 millones de personas mueren cada año debido a la falta de agua o a la mala calidad. E incluso si esta crisis no se aborda de manera sostenible, será más perjudicial. Para 2030, la escasez de agua afectará a los medios de subsistencia de las comunidades agrícolas, y entre 24 y 700 millones de personas tendrán que abandonar sus casas y su modo de vida.

¿Por qué hace falta justicia con el agua?

Donde hay crisis de agua, siempre hay una injusticia. Estamos viendo una creciente comercialización del agua en todo el mundo. Compañías multinacionales como Pepsico (Aquafina), Coca-cola (Dasani) o Nestlé, entre otras, se están aprovechando de “desviar” nuestros manantiales hacia sus empresas con fines de lucro. Se espera que el mercado mundial de agua embotellada alcance los 279.65 mil millones de dólares en 2020; en volumen se espera que alcance los 465.12 mil millones de litros en 2020. Irónicamente, 884 millones de personas no tienen acceso a fuentes mejoradas de agua potable, mientras que 2.500 millones carecen de acceso a instalaciones mejoradas de saneamiento. El desequilibrio total entre la situación social y el negocio del agua es alarmante, lo que exige una acción global. “El acceso al agua potable segura es un derecho humano básico y universal, ya que es esencial para la supervivencia humana y, como tal, es una condición para el ejercicio de otros derechos humanos. Nuestro mundo tiene una grave deuda social con los pobres que carecen de acceso al agua potable, porque se les niega el derecho a una vida acorde con su dignidad inalienable. Esta deuda puede pagarse en parte mediante un aumento de los fondos destinados a proporcionar agua potable y servicios sanitarios a los pobres”, dice el Papa Francisco en Laudato Si.

La Justicia en el acceso al agua es un llamado a la justicia social. Tres de cada 10 personas carecen de acceso a agua potable segura. La injusticia se manifiesta en los impactos que esto tiene en la vida de los pobres, que apenas pueden acceder y pagar más. Esto gira en torno a la cuestión de la propiedad y la privatización de las fuentes, con los gobiernos conspirando para obtener su parte de los beneficios.

Debido a la crisis, el precio se introduce como un enfoque de conservación y claramente la solución está centrada en el negocio, desde una perspectiva puramente económica, sin basarse en las realidades de las comunidades que no pueden permitirse el lujo. Este enfoque es una carga para los pobres y, sin embargo, asequible para las empresas con fines de lucro, por ejemplo, hoteles, restaurantes, granjas, fábricas e industrias. El precio contribuyó al aumento del número de comunidades y familias que carecen de acceso al agua potable. Con la crisis actual, ¿podemos lograr el acceso universal y equitativo al agua potable para todos para 2030, como nos piden las Naciones Unidas?

Ante el problema del agua, una respuesta de fe

El agua es un elemento importante en muchas religiones, constituyendo la creencia de que simboliza la vida misma del Creador. Las comunidades de fe han reconocido plenamente la creciente crisis del agua, su impacto en las personas y la necesidad de encontrar mejores soluciones para hacer frente a este problema.

Activamente críticos y participativos, revelaron una preocupación común sobre esta crisis. Para presentar una mejor comprensión de la crisis del agua en la fe islámica, el Dr. Husna Ahmad señaló: “Es por eso que todos debemos trabajar para que el agua sea segura para beber, para conservarla y para usarla sabiamente. Las madres pueden estar a la vanguardia de esto, liderando el camino para preservar el agua como un recurso precioso y bendito central para nuestra fe y para la supervivencia de nuestro planeta”. La Iglesia Metodista Unida dijo audazmente en su Libro de Resoluciones: “Cuando la disponibilidad de agua y las prácticas de saneamiento se ven comprometidas, la seguridad de la comunidad se ve amenazada”. Afirmando, pues, que “el agua es parte integrante de la expresión radical del amor de Dios a toda la humanidad. El agua no puede ser monopolizada o privatizada; debe ser compartida como el aire, la luz y la tierra. “Es la provisión elemental de Dios para la supervivencia de todos los hijos de Dios en este planeta”, dice la Iglesia Metodista. El Papa Francisco, consecuente con la dirección que marcó en Laudato Si, dedicó la Jornada Mundial de Oración por la Creación 2018 al agua. En su mensaje dijo: “Jesús, en el curso de su misión, prometió un agua capaz de saciar la sed humana para siempre (cf. Jn 4,14). Profetiza: ‘Si alguno tiene sed, venga a mí y beba’ (Jn 7,37). Beber de Jesús significa encontrarle personalmente como Señor, sacando de sus palabras el sentido de la vida. Que las palabras que pronunció desde la cruz – ‘Tengo sed’ (Jn 19,28) – resuenen constantemente en nuestros corazones. El Señor sigue pidiendo que se sacie su sed; tiene sed de amor. Nos pide que le demos de beber en todos los que tienen sed en nuestros días, y que les digamos: ‘Tuve sed y me disteis de beber’ (Mt 25,35). Dar de beber, en la aldea global, no sólo implica gestos personales de caridad, sino también opciones concretas y un compromiso constante para asegurar a todos el bien primario del agua”.

Pastores, religiosos y religiosas, e incluso valientes miembros de la Iglesia están a la vanguardia de las protestas por la justicia del agua en todo el mundo. El llamado a la justicia se basa en la cuestión del acceso común al agua limpia, la no privatización, la no comercialización y la conexión con la justicia climática.

Las comunidades de fe examinaron la crisis desde el marco de ver-juzgar-actuar, animando a todos a ser parte de la solución desde la conservación personal del agua hasta la responsabilidad social. La reflexión consistente de la fe y la vida permite a cada creyente apreciar la misión que tiene en el cuidado de la tierra. San Juan Pablo II dijo que “en Cristo el hombre relee su llamado original a someter a la Tierra, que es la continuación de la obra de la creación de Dios en lugar de la explotación desenfrenada de la creación…”.

Soluciones de sinergia

Celebramos el Día Mundial del Agua 2019 con realidades preocupantes. Los problemas relacionados con el agua están ocurriendo en todo el mundo, no solo en el tercer mundo. Desde la extracción excesiva hasta los períodos de sequía, que afectan a las vidas humanas y a los medios de subsistencia. “Agua para todos en 2030. Por definición, esto significa no dejar a nadie atrás. Pero hoy en día, miles de millones de personas siguen viviendo sin agua potable: sus hogares, escuelas, lugares de trabajo, granjas y fábricas luchan por sobrevivir y prosperar”.

¿Qué podemos hacer? Establecer un mecanismo de regulación (instalaciones de reutilización, agua para todas las comunidades, integración de los proyectos de desarrollo hídrico, depósitos de lluvia, etc.); mejorar la información para facilitar la conservación del agua e imponer restricciones (identificar los sectores con extracciones de agua pesada, por ejemplo hoteles, resorts, restaurantes, productores o estaciones de agua embotellada, granjas agrícolas, fábricas, etc.); y realizar el trabajo de recogida de agua de forma más sostenible (Enfoque basado en la investigación para el marco de datos de la extracción, el consumo y la distribución, el establecimiento de organismos reguladores para el seguimiento de las extracciones, la mejora de la tecnología y la transferencia sobre la reutilización, la descomercialización).

La gente se opone a que las empresas multinacionales desvíen la capa freática de sus zonas, defienden sus tierras para la construcción de presas en nombre del desarrollo y arriesgan sus vidas no sólo por el agua, sino también por la biodiversidad y el futuro sostenible. Todo ello, frente a la falta de visión sistémica de nuestros gobiernos. Todo por agua.

Jaazeal Jakosalem OAR

#UnaPalabraAmiga

El agustino recoleto Antonio Carrón reflexiona en este artículo sobre el encuentro de los obispos acerca de los abusos sexuales y sobre el buen trato

Durante los últimos años se está destapando una lamentable situación que, por muy diversas circunstancias, ha estado silenciada durante demasiado tiempo. Es el caso de los abusos en el contexto de las parejas, en el contexto familiar, en el contexto laboral, abusos en el contexto deportivo, con los ancianos, en la industria del cine o de la música, o los abominables abusos perpetrados por clérigos en el seno de la Iglesia Católica y en otras confesiones religiosas. Es rara la semana en la que no aparecen nuevos casos de la denominada violencia de género, situaciones de bullying en centros educativos u otras violencias en diferentes contextos. En octubre de 2017 se popularizó el movimiento #MeToo como una forma de denunciar las agresiones y el acoso sexual a raíz de las acusaciones de abuso sexual contra el productor de cine y ejecutivo estadounidense Harvey Weinstein. Años antes -en 2002- el periódico estadounidense Boston Globe destapaba multitud de casos de encubrimiento de abusos sexuales a menores cometidos por clérigos, cuya historia fue llevada al cine en la película Spootlight.

Y la pregunta que surge al hilo de todas estas situaciones es, ¿no existían antes casos de este tipo? ¿Por qué no lo sabíamos? ¿Es que estábamos ciegos? ¿Cómo ha podido la dinámica del encubrimiento llegar tan lejos? Ante preguntas como éstas podrían ofrecerse múltiples y variadas respuestas que son muy importantes para evitar que se vuelvan a producir casos similares: abuso de poder, deformaciones en el concepto de autoridad, secretismo, falta de rendición de cuentas, verdaderos sistemas de encubrimiento perfectamente organizados, etc. Pero en esta reflexión no nos interesa tanto la explicación del hecho en sí, sino más bien cómo a partir de todo este sufrimiento, de todas estas situaciones de dolor, podemos proyectar una visión positiva para el presente y para el futuro. Es lo que podríamos denominar un compromiso renovado con el buen trato.

Asistimos hoy a múltiples situaciones de violencia: física, psicológica, sexual, emocional, individual, colectiva, directa, indirecta o estructural entre otras. Y la llamada que todas estas diferentes formas de violencia nos está haciendo es a un cambio que debe orquestarse en nuestro mundo globalizado en todas las dimensiones de la sociedad. Algunos pasos concretos podrían ser: pasar del grito al diálogo; pasar la agresión y el golpe a la reflexión; pasar de la amenaza a la enseñanza; pasar de la discusión a la conversación; pasar del abuso de poder a la razonada convicción con argumentos; pasar del abuso sexual al respeto por la persona; pasar del encubrimiento a la trasparencia. Y estos primeros pasos para el cambio tienen varios escenarios primordiales: la familia, la escuela y la Iglesia. Estos tres escenarios constituyen entornos de confianza que, necesariamente, deben ser espacios seguros, donde ninguna situación de violencia o abuso de cualquier tipo pueda producirse. En esta línea, recientemente se ha celebrado una cumbre en el seno de la Iglesia Católica en la que el Papa ha reunido a los presidentes de todas las Conferencia Episcopales para abordar este necesario cambio con respecto a los abusos sexuales contra menores en el seno de la Iglesia. Es un primer paso, pero queda mucho por hacer.

No obstante, los cambios estructurales no sirven de nada sin un elemento anterior: la necesaria conversión personal de cada uno de nosotros, la convicción de que la persona y su dignidad es un bien a defender siempre, sin que el fin justifique los medios, sin que el egoísmo se ponga en primer lugar, sin que el mal tenga la última palabra.

Destapar el mal nos hace conscientes del dolor, de la necesidad de pedir perdón y de la responsabilidad de acompañar a las víctimas. Pero debe, además, conducirnos a un necesario cambio, a un renovado compromiso con el buen trato, con la persona, con la sociedad y con la humanidad. Tenemos una nueva oportunidad para mejorar como seres humanos, en nuestras relaciones, en nuestras responsabilidades, en nuestras convicciones personales. Aprovechémosla.

Antonio Carrón de la Torre OAR

#UnaPalabraAmiga

Para poder edificar la comunión hace falta unirnos en el nosotros de Dios. Esto implica ceder el protagonismo a Dios. San Agustín señala que el texto de hoy es una invitación a ser humildes, a reconocer que la vida cristiana y la vida comunitaria es un ceder siempre el espacio y el protagonismo a Dios.

Para ver todo el documento dar click aquí.

 

 

Discernir implicar arriesgarse y en algunos casos acertar. La hna. Alicia Correa, agustina recoleta, expresa en este artículo la riqueza del discernimiento

Si buscamos en internet el significado de la palabra discernimiento, entre miles de respuestas escojo la que se nos la define como distinguir una cosa de otra, señalando la diferencia que hay entre ellas.

Todos tenemos experiencia de que la vida no es un venir a la existencia sin más, aquí no se nos ha dado todo hecho, ni tenemos nada resuelto sin compromisos ni problemas que resolver, no damos las cosas por sabidas ni tampoco nos viene lo de cada día como se suele decir, “como anillo al dedo”. La mayoría de las veces no realizamos las cosas con facilidad, sino que son fruto de esfuerzo y trabajo, ni mucho menos lo vemos todo siempre nítido al cien por cien, y en muchas ocasiones las circunstancias se nos presentan más oscuras que claras.

La vida es una maravillosa oportunidad de ir despertando a nuevas y constantes experiencias que van configurando nuestro existir y por eso con frecuencia, aún sin ser conscientes de ello, tenemos que discernir en todo y para todo, desde lo más liviano hasta para lo más importante. Ella nos va enseñando que no podemos tenerlo todo, ni abarcarlo a la perfección y de un solo golpe, ni ser perfectos, así somos de pequeños, por ello tenemos que poner en práctica con asiduidad el discernimiento hasta para comenzar nuestro día a día, esa jornada repleta de actividades, de emociones, de imprevistos, de alegrías, de sueños, de superación, o de fracasos, que todo cabe en cualquier momento y a cualquier hora.

El discernimiento implica un proceso de búsqueda, y de selección. Nos toca elegir entre una o varias posibilidades. Por ejemplo: en un día de descanso, puedo discernir qué hacer, si irme a la playa o al campo, o simplemente quedarme en casa a descansar tomando un buen té y relajarme del trabajo de la semana.

El discernimiento nos permite aprender de los virajes de la vida; es intentar subirse al tren de esa aventura apasionante y averiguar cómo y por donde caminar, colocar en su sitio una y otra vez sin descanso lo que nos sucede, reordenar nuestro corazón inquieto, ese corazón a veces confundido, disperso, roto, desorientado o simplemente despistado.

Discernir es lo contrario a la pasividad, al desinterés. Implica dinámica, movimiento, riesgo para obtener un fin concreto y el resultado que se busca.

Con frecuencia la vida nos coloca en la tesitura de elegir, de desprendernos de algo para quedarnos con lo esencial, o por lo menos para disfrutar con lo que consideramos bueno o mejor para nosotros, proceso difícil pero también cargado de la consiguiente sabiduría.

El discernimiento supone riesgo. Y aquí cabe hacernos la pregunta del millón: siempre que optamos, que discernimos, ¿lo hacemos adecuadamente?. Claro queda que no, hemos dicho más arriba que todo no se nos da hecho, pero no pasa nada, absolutamente nada, el discernimiento nos descentra de nuestros miedos y nos enseña a aceptar nuestras equivocaciones, nos muestra hasta donde podemos y de lo que carecemos, es el termómetro que señala la calidad de nuestra madurez, de nuestro crecimiento personal, gracias a él debemos aprendemos a aceptar nuestras caídas o nuestras superaciones con paz. Nos equilibra, nos regenera por dentro y nos capacita para demostrarlo hacia fuera.

Saber discernir, tener la sabiduría, ese es el “quid” de la cuestión,  para diferenciar la verdad del error, de ver lo que está oscuro y hacer que prenda la luz, es una buena herramienta para caminar en la vida, es el pedagogo que va conformando nuestra existencia, es como aquel “Maestro interior” que decía san Agustín, el que enseña y el que habla, el que corrige y te llama, el que llora contigo en tus fracasos y el que ríe y te acompaña en los momentos de fiesta, el que te llama por tu nombre y también el que siempre llevas dentro y nunca te abandona.

Elijamos hacer bien, discernir bien, vivir bien, trabajar bien, orar bien. Será este un buen discernimiento, una buena opción de vida, porque para una vez que se vive, como dijo el poeta Horacio: “carpe diem”… y en palabras de san Agustín: No debo renunciar a hacer lo que puedo, por el hecho de no poder todo lo que quiero” (Ep.166,1,1). 

¡Ánimo!, cada día se nos ofrece un nuevo reto, alcanzar la sabiduría del que discierne bien.

 

Desde el 28 de Febrero y hasta el 3 de Marzo se realizó el CURSO DE MULTIPLICADORES de Ejercicios Espirituales Agustinianos, en el Desierto de la Candelaria; coordinado por Fray Jairo Orlando Soto Moreno y participaron los Frailes: Jaime Iván Sánchez Gordillo, coordinador CEAR Colombia y Juan Carlos Andújar Garcés, coordinador CEAR Guatemala; 1 religiosa ARE, la Hna. Sofía López; 1 religiosa MAR, Hna. Ana Joaquina Mariño y 30 laicos procedentes de Panamá, Colombia y Guatemala. ¡Buen trabajo espiritual!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde hoy 28 de Febrero hasta el 3 de Marzo se realizará el CURSO DE MULTIPLICADORES de Ejercicios Espirituales Agustinianos, en el Desierto de la Candelaria; coordinado por Fray Jairo Orlando Soto Moreno, convocamos e invitamos a los religiosos que quieran participar de esta capacitación, pidiéndoles también que presenten LAICOS COMPROMETIDOS para que con su fe y testimonio aporten en la realización de estas jornadas espirituales.

El próximo sábado, 23 de febrero, desde las 8:30 am a 12 m, tendremos en el Agustiniano Ciudad Salitre, nuestro 1er RETIRO ESPIRITUAL mensual de las CASAS DE BOGOTÁ y visitantes, en esta ocasión el predicador será Fray Iván Garzón Rojas, OP. ¡TODOS INVITADOS!

 

 

El agustino recoleto Antonio Carrón reflexiona en este artículo sobre las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de cada persona, llevando al ámbito personal este método de análisis empresarial

Una de las metodologías que solemos utilizar cuando queremos analizar una situación o una institución es la conocida como DAFO, acrónimo derivado de Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades. Básicamente consiste en reflexionar sobre aquellos elementos que pueden suponer una debilidad (análisis interno) o amenaza (análisis externo) y cuáles son base de fortalezas (análisis interno) y oportunidades (análisis externo). Normalmente los cuatro elementos se ven por separado y desde una lectura objetiva, teniendo en cuenta la realidad del momento en que se realiza el análisis. Sin duda, esta técnica nos ofrece una visión a nivel institucional o personal que resulta muy esclarecedora y a partir de la cual se pueden sugerir propuestas de mejora.

Una forma específica de enfocar este análisis consiste en partir de los elementos que podríamos denominar “negativos” (en este caso las debilidades y amenazas) y verlos como una llamada a cambiar de perspectiva transformándolos en fortalezas y oportunidades. Se trata de una perspectiva que conecta muy bien con lo que conocemos como resiliencia, esa capacidad de adaptación frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Por lo general, todos queremos tener en nuestras vidas muchas más fortalezas y oportunidades que debilidades y amenazas. Pero, ¿por qué no cambiar la perspectiva y leer esas debilidades y amenazas como oportunidades para salir fortalecidos? De alguna forma, ¿no es necesario superar dificultades para poder crecer? ¿Se valoran igual las metas alcanzadas cuando se consiguen de forma fácil o cuando son fruto de esfuerzo y sacrificio?

Quizás uno de los grandes errores que ha cometido la sociedad actual es el de la cultura de la súper protección de los hijos, evitando que puedan pasar por dificultades y buscando siempre que disfruten de un ilusorio estado felicidad y caminos despejados. Ese mundo ideal, esa bola de cristal, tarde o temprano termina por romperse. Y, si una persona no está preparada para lidiar con debilidades y amenazas, difícilmente podrá desenvolverse en este mundo. Las debilidades y las amenazas no son negativas, nos sirven para renovarnos, para superarnos, para innovar, para ser emprendedores, para crecer y, en definitiva, para vivir.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de encontrar en la sociedad, en la familia, en organizaciones o instituciones, o en nosotros mismos fallos, cosas que no nos gustan. El ser humano no es perfecto y, por eso mismo, comete errores, experimenta el dolor y es capaz de hacer daño a los demás. Pero ello no convierte a la humanidad en algo malo, de ahí no se genera una perspectiva pesimista de la vida sino, más bien, una necesidad de continua búsqueda, de continua superación. Y, para ello, es necesario tener referencias, bases firmes, un camino que ayude a llegar a la meta.

Para esclarecer un poco más esta cuestión, puede resultarnos iluminador el texto de san Pablo 2 Cor 12, 9-10: “El Señor me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad». Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” Dicho en nuestro mundo de hoy, no parece tener mucho sentido la aparente contradicción de ser fuerte desde la debilidad. Pero, si lo pensamos bien, sólo desde el reconocimiento de nuestra condición de seres limitados, sólo desde el reconocimiento de nuestros errores, sólo desde el pedir perdón y acogerse a él, es posible crecer.

Reconocer nuestras debilidades y amenazas, lidiar con ellas, trabajarnos desde ellas, tomarlas como fundamento para buscar nuevos caminos, nuevas oportunidades, es el verdadero camino para consolidar fortalezas en nuestra vida. Y san Pablo nos daba la clave de la Fortaleza con mayúscula. Porque, en Cristo, cuando soy débil, entonces soy fuerte. Porque cuando nos dejamos moldear por Él, es cuando verdaderamente crecemos. Porque con Él y desde Él, todo cobra sentido.

Antonio Carrón OAR

#UnaPalabraAmiga

El agustino recoleto Luciano Audisio reflexiona en este artículo sobre la visión de la mujer en la Biblia, concretamente en el libro del Cantar de los Cantares

Estamos viviendo un momento histórico crucial para la humanidad, estamos, no sé si se podría decir así, ante un cambio de paradigma. Hoy basta abrir un periódico o mirar las noticias para toparnos todos los días con una de las cosas más dolorosas que entre los seres humanos nos puede pasar que es la llamada «violencia de género». Esto apena que así sea y duele ver cómo el plan del creador que estaba desde el principio, el de la complementariedad del hombre y la mujer (cf. Gn 2-3), se derrumba ante estos hechos. Es ante esta situación que volví a leer uno de los grandes libros que tenemos en la Biblia, el del Cantar de los Cantares. Ahí me encontré con un poema que iluminó perfectamente aquello que estaba desde el principio: hombre y mujer complementarios en el amor, en la búsqueda y en la vida. Leemos el poema:

Estaba durmiendo
mi corazón en vela
cuando oigo a mi amado que me llama:
“Ábreme amada mía,
mi paloma sin mancha
que tengo la cabeza
cuajada de rocío,
mis rizos, del sereno de la noche”.
— Ya me quité la túnica,
¿cómo voy a ponérmela de nuevo?
ya me lavé los pies
¿cómo voy a marcharlos otra vez?
Mi amor mete la mano
por la abertura:
me estremezco al sentirlo,
al escucharlo se me escapa el alma.
Ya me he levantado
a abrir a mi amado:
mis manos gotean
perfume de mirra
mis dedos mirra que fluye
por la manilla
de la cerradura.
Yo misma abro a mi amado,
abro, y mi amado ya se ha ido.
Lo busco y no lo encuentro,
lo llamo y no responde.
Me encontraron los guardias
que rondan la ciudad.
Me golpearon e hirieron,
me quitaron el manto
los centinelas de la murallas.

ELLA: Muchachas de Jerusalén,
las conjuro
que si encuentran a mi amado,
le digan… ¿qué le dirán?…
que estoy enferma de amor.

ELLAS: ¿Qué distingue a tu amado de los otros,
tú, la más bella?
¿Qué distingue a tu amado de los otros,
que así nos conjuras?

ELLA: Mi amado ha bajado a su huerto,
a las eras de balsameras,
a apacentar en los huertos,
y recoger lirios.
Yo soy para mi amado, y mi amado es para mi,
él pastorea entre los lirios.
(Cant 5,2-6,3)

Lo que llama la atención a primera vista es que aquel que canta este amor es la mujer, la que se regocija en el amado, la que se extasía ante el recuerdo del amado. Es ella la que canta la posesión, la unión, el sosiego y la transformación que opera la unión de los cuerpos.

Interesante es pensar esto, porque en casi todo este tipo de literatura, en el ámbito profano, está dominada o por lo menos tiene cierta preponderancia la mirada masculina. Es el hombre que canta a su amada. En este libro sagrado es la mujer la que canta expresando todo su afecto, con todo el sentimiento, la capacidad y la entrega amorosa. Es la mujer la que canta con el afán de compartir la vida, de dar ternura, de recibir cariño, de gozar de las maravillas de la vida junto a la persona amada. No se ve como un desahogo sino como el hambre de amor, de amor humano, que por ser humano lleva la carga indeleble de la divinidad.

Por otra parte, al menos hasta ahora no hemos encontrado en las culturas del Medio Oriente un testimonio de amor femenino, tan directo, tan fino, tan lleno de entusiasmo como este poema. Este es el otro aspecto complementario de la Biblia: es el lenguaje humano, pero también es comunicación de Dios. Es fruto de la experiencia de un pueblo, pero experiencia de fe y de lealtad de Dios. No es la experiencia del que busca a Dios sino del que ha sido buscado y desafiado por Dios. Esta cercanía de Dios ha llevado al pueblo, con muchos rodeos y con mucha lentitud, a reconocer la grandeza y las maravillas de la mujer.

En un momento el poema nos trae a las «muchachas de Jerusalén». Esta figura intenta poner el dramatismo acorde al anhelo de la mujer, y darle paso a ella, para que así pueda expresar por qué su amado es único para ella. Es un amor que transforma completamente a ambos.

Los últimos tres versículos del poema (vv. 1-3), se puede encontrar ese amor en su plenitud que ha sido consumado, aquello que al principio parecía solamente un sueño deja paso a la realidad. El esposo tendrá como ocupación principal estar unido a su esposa, en la que encuentra toda su plenitud y complementariedad. Ella es su jardín, como aquel del comienzo, es su perfume, es la mas bella de todas las flores. Ella es la que contempla y admira al amado. Ella es de él y él de ella. Han unido sus vidas, han volcado uno en el otro todo el amor. Este amor es sagrado, este amor es el amor del principio.

Luciano Audisio OAR

#UnaPalabraAmiga

Muchas personas necesitan pedir a Dios razón de su sufrimiento. La respuesta está en la cruz. Lo relata en este artículo el agustino recoleto Miguel Ángel Ciaurriz

Cuenta Simone de Beauvoir, filósofa y escritora francesa, fallecida en la década de los ochenta del siglo pasado, hija de un ateo y de una creyente, considerada la gran musa del feminismo, que su padre, en el lecho de muerte, antes de partir hacia donde no sabía dónde, le dijo a su madre: “si te ves con Dios, dile que le perdono”. Parece que quiso llegar a la fe, pero no encontró la manera de doblegar la terquedad de su mente.

Viene esto a cuento de que hoy mucha gente siente la tentación de pedir a Dios razón de su sufrimiento. “A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lagrimas”, decimos cuando rezamos la Salve. Pareciera que, cuando rezamos así, sentimos que nuestro destino fatal en este mundo es inexorablemente sufrir y padecer, sufrir y más sufrir.

Dios no quiere eso. Él es un Padre bueno, que quiere lo mejor para nosotros; no quiere que suframos. Además, cuando sufrimos, no es ajeno a nuestro dolor, Él sufre con nosotros.

Cuando aquel fatídico 11 de septiembre del 2001 aquellos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas de New York, muchos se preguntaron dónde estaba Dios ese día y a esa hora, por qué no detuvo o desvió esos pájaros de acero que llevaban la muerte en sus entrañas.

No nos costará trabajo imaginarnos a Dios llorando amargamente, más que nadie ese día, más que los propios familiares de los fallecidos y más que cualquier ciudadanos de la población norteamericana y del mundo entero que ese día sintió que una buena parte de sus vidas se fue con los que quedaron sepultados.

Dios es Padre, Padre de todos, no lo olvidemos. Es padre de los inocentes que murieron tras el atentado y padre también de los asesinos que estrellaron los aviones contra los edificios. Ese día nadie lloró como Dios.

No, no es eso lo que quiere Dios para nosotros, sus hijos. La respuesta y explicación de Dios a nuestro sufrimiento es la cruz de su Hijo.

Seguramente cada día nos toca enfrentar más de una adversidad y más de un momento de dolor que cruzarán por nuestro frente y nos golpearán; pero, seguramente también, sacaremos fuerzas para superar tales contratiempos. No preguntemos a Dios por qué; veamos su presencia en el camino que nos apunta para salir airosos del momento.

En este valle, que decimos “de lágrimas”, también hay flores. Sequemos las lágrimas de nuestros ojos para contemplar y gozar las bellezas de esto que llamamos destierro, que las hay y muchas.

Miguel Ángel Ciaurriz

 

 

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