Transcurrido un año del último Capítulo general de la Congregación, el Gobierno general de las Misioneras Agustinas Recoletas se reunió del 13 al 15 de agosto en Caracas para analizar los últimos meses y programar los próximos. Con Nieves Mari Castro al frente, el Consejo general dedicó tres jornadas a analizar la vida y misión de la Congregación. Desde las cerca de 40 comunidades de Misioneras Agustinas Recoletas, las religiosas desarrollan su labor en 11 naciones por medio de obras educativas, parroquiales y misionales.

Las Misioneras Agustinas Recoletas hunden sus raíces en el doble subsuelo contemplativo y activo de la Orden. En 1931 Mons. Francisco Javier Ochoa (1889-1976) llevó consigo a China a las tres agustinas recoletas de clausura —Esperanza Ayerbe (1890-1967), Ángeles García (1905-1980) y Carmela Ruiz (1909)— para dirigir un orfanato y formar a las jóvenes chinas con vocación a la vida religiosa. El 31 de octubre de 1983 fueron aprobadas sus Constituciones posconciliares que configuraron el renovado ser de la Congregación.

Tras el último Capítulo general, la Congregación se encuentra en un proceso de reestructuración por el que, poco a poco, las provincias se van integrando con una organización más centralizada desde el gobierno general. El Consejo general ha querido reunirse en Venezuela como una forma de apoyo a la situación del país, haciendo partícipes a las hermanas allí presentes de la actualidad y decisiones estratégicas de la Congregación.

A punto de cumplir 60 años, la Ciudad de los Niños de Cartago (Costa Rica) está considerada por muchos como “la ciudad de los sueños cumplidos”. Fue fundada en 1958 por el agustino asuncionista Luis Madina Michelena, y encomendada posteriormente a los Agustinos Recoletos en 1965. Su misión es la formación integral de adolescentes y jóvenes provenientes de realidades conflictivas o de bajos recursos.

Como obra social y educativa, desde sus orígenes, la Ciudad de los Niños promueve oportunidades en el ámbito personal, técnico y académico, para enfrentar con éxito los retos de la vida moderna conforme a las demandas del entorno social y laboral, que a su vez fomente un modelo de unidad familiar, y contribuya al desarrollo de una sociedad solidaria e inclusiva. Y todo ello desde la pedagogía agustiniana, y la metodología de “aprender haciendo”, que promueve en ellos el autodescubrimiento de actitudes y aptitudes en su dimensión psicosocial, académica y técnica, como la interiorización de valores y principios cristianos, humanistas y trascendentes que les permita realizarse como personas.

 

Área de Convivencia y Acompañamiento Integral (ACAI)

Una pieza fundamental en la Ciudad de los Niños es el ACAI (Área de Convivencia y Acompañamiento Integral). Desde este departamento se acompaña a los jóvenes en su proceso de formación integral de manera que adquieran un perfil de egreso con valores y competencias para la vida del siglo XXI. Se buscan jóvenes que terminan su proceso de formación en la Ciudad de los Niños adquieran los conocimientos, habilidades y hábitos necesarios para asumir adecuadamente responsabilidades personales, laborales, sociales y familiares.

El ACAI se compone de profesionales en Trabajo Social y Psicología quienes, junto con los frailes y formadores humanos encargados de residencias y albergues, brindan el apoyo y acompañamiento que los jóvenes requieren para su desarrollo personal y social.


Formación técnica

La Ciudad de los Niños ha centrado su atención en la formación técnica que se ofrecía a través de múltitud de talleres. No obstante, al término de su proceso, los jóvenes recibían un título cuyo único respaldo era el prestigio de la institución cimentado en muchos años de experiencia y en el reconocimiento social de la calidad de sus egresados. En un momento, hubo indicios de que ese respaldo era cada vez más insuficiente.

A mediados de la década de los años 70, el modelo de producción industrial y la economía mundial entraron en un proceso de crisis, que se manifestó en un creciente desempleo de carácter estructural, debido a los cambios tecnológicos acelerados y a las nuevas formas de la organización para el trabajo. Por ello, se vio la necesidad de generar estrategias alternativas basadas en una mejor preparación para el trabajo. Previendo estas limitaciones, en abril de 2006 la Junta Directiva de la institución planteó la necesidad de dar un impulso definitivo al modelo de formación para poner al día las oportunidades futuras de los jóvenes.

 

El Colegio Técnico San Agustín

Desde finales de la década de 1990 funcionaba en la institución el colegio nocturno. Primero inició con el programa de Bachillerato por madurez, continuó después con el modelo de Nuevas Oportunidades, a principios del año 2000. Con estos programas los internos tenían acceso a la educación académica a nivel de secundaria y bachillerato, pero siempre de forma voluntaria y con pocas lecciones que se ajustaban a su disponibilidad de tiempo. La idea fue, por lo tanto, integrar en un programa la educación técnica y la académica, y en un solo horario diurno. Fue así como, después de un breve proceso de consultas y asesorías ante las autoridades educativas y con el apoyo incluso de la Municipalidad de Cartago, el día 14 de septiembre de 2006 se aprobó la apertura del Colegio Técnico San Agustín dentro de la Ciudad de los Niños que inmediatamente se puso en marcha con el inicio del año lectivo de 2007.

Es así como se ha conseguido dar un nuevo impulso al proyecto educativo de la Ciudad de los Niños, ofreciendo una óptima formación en igualdad de oportunidades y potenciando una educación integral.

 

Las Monjas Agustinas Recoletas de Puebla celebraron el 6 de agosto del presente año, los 75 años de su actual monasterio encomendado a nuestra madre Santa Mónica. La comunidad está formada por 25 hermanas profesas, 2 novicias y 3 postulantes.

Francisco Javier Acero Pérez, Vicario de México-Costa Rica, presidió la Celebración Eucarística, en donde se dirigió a las hermanas y les invitó a vivir desde tres actitudes: descubrir, unidad, y comunión: “Descubramos como estamos cada uno de nosotros y demos gracias a Dios por lo que somos y hacemos en este convento, que esta acción de gracias sirva para descubrir nuestras raíces; nos reúne la Recolección. El carisma agustino recoleto se vive en la comunidad: como misioneras y discípulas de Jesús. El mundo necesita de su oración y de su espíritu soñador.”

En sus palabras, Acero insistió en la unidad: “Llevan 75 años unidas en este convento, no solo en el culto comunitario sino también en las relaciones fraternas teniendo un corazón abierto que se relaciona con el otro. Durante estos años en este convento se han tejido relaciones humanas que vienen de la relación con Dios. Aquí existe la unidad en cada religiosa, en la comunidad: lo que dice s. Agustín “un solo corazón y una sola alma dirigidos hacia Dios”. Han demostrado como hay unidad en los trabajos a lo largo de los años y esto se debe gracias a que han abierto el corazón a Dios, escuchan los sentimientos de la otra hermana de comunidad, asemjándose a lo que Cristo hace: escuchar, fomentar la unidad.”

 

Finalmente, encauzó su homilía a la comunión: “Nuestras comunidades necesitan el Pan vivo bajado del cielo, que nos invita a la comunión. El Papa ha hecho una invitación a las religiosas contemplativas a vivir en comunión a través de un documento “Cor Orans”. Nuestra consagración religiosa se vive en comunidad. Por eso debemos facilitar el encuentro con toda la familia Agustino Recoleta, desde la oración, tenemos que buscar ayudarnos, crear espacios de comunión que fomenten el dialogo con Dios y el encuentro con las hermanas.”

La celebración se convirtió en una invitación a unir la comunión con caridad fraterna, con ilusión, a soñar con una gran familia, imitando el sueño de Madre Mariana de S. José, y la valentía de Madre Guadalupe Badillo: “Ser corazones orantes. Vivir desde la comunión: mostrar al mundo nuestro carisma desde la contemplación en donde todos somos hermanos, siguiendo a San Agustín.”

Durante las preces se invitó a cada una de las hermanas profesas a que hicieran una petición en ese día de fiesta. Se recordaron a todas las hermanas que fallecieron en esta comunidad, y se agradeció la generosidad de los bienhechores del convento. Posteriormente se llevó a cabo un convivio fraterno, estando presentes algunos bienechores y amigos de la comunidad, quienes compartieron la alegría que tienen las religiosas al cumplir 75 años habitando el Monasterio de Santa Mónica.

El Monasterio de San Millán de la Cogolla, Patrimonio de la Humanidad desde 1997, constituye uno de los núcleos culturales más importantes de España. La herencia de la tradición benedictina que lo fundó y de la Orden de Agustinos Recoletos, que lo impulsó desde el siglo XIX, han consolidado el conjunto de Yuso y Suso como una fuente de interioridad que perdura hasta hoy. A lo largo del año, más de 100.000 turistas de todo el mundo visitan el monasterio. La Fundación San Millán y el Centro Internacional de la Lengua (CILENGUA) promueven multitud de actividades y congresos de gran relevancia. Y la comunidad de Agustinos Recoletos sigue ofreciendo iniciativas de retiros y ejercicios espirituales en un ambiente óptimo para el encuentro con uno mismo y con Dios.

San Millán de la Cogolla es un municipio de la comunidad autónoma de La Rioja en España, ubicado al pie de la Sierra de la Demanda y a orillas del río Cárdenas. Aunque no está situado exactamente en el Camino de Santiago, muchos peregrinos se desplazaban hasta allí para luego retomar la ruta jacobea. Dentro del recinto urbano está el Monasterio de San Millán, formado, a su vez, por el primitivo Monasterio de San Millán de Suso («de arriba») y el Monasterio de San Millán de Yuso («de abajo»). El Escritorio de San Millán es uno de los más antiguos de Europa, y fue un centro de cultura muy importante. Muestra de ello es la magnífica colección de códices que se conservan. Entre los más importantes están el Códice 60, donde se encuentran las Glosas Emilianenses, algunas de las primeras palabras en euskera y en navarro-aragonés, por lo que San Millán es conocida como la “Cuna de la Lengua”. La biblioteca y el archivo están considerados como uno de los mejores conjuntos monásticos. Las razones históricas, literarias, artísticas, así como el conjunto monumental, hicieron posible su declaración como Patrimonio de la Humanidad en diciembre de 1997 por parte de la UNESCO.

En 1878 llegaron al Monasterio de Yuso los Agustinos Recoletos y, desde entonces, se encargaron de potenciar el legado espiritual y cultural que siglos atrás iniciaron los monjes benedictinos. En el documental que ofrecemos a continuación, titulado “San Millán de la Cogolla: una invitación a la interioridad y la cultura”, el actual Prior de la Comunidad, Pedro Merino, una de las guías de turismo, Valvanera Nieto, y Jesús Lerena, ex-prior de la Comunidad y gran conocedor de su devenir en los últimos años, ofrecen una visión de la historia y la actualidad del lugar considerado como “cuna de la lengua”

Más información sobre Yuso, Suso, horarios del turismo, visitas a la zona y sobre la Fundación San Millán en http://www.monasteriodesanmillan.com

En la mañana del 14 de Julio, el señor obispo de la diócesis de Engativá, Monseñor Francisco Antonio Nieto Súa, presidió la celebración Eucarística con la cual se hizo la apertura del Monasterio Nuestra Señora de la Candelaria de las Monjas Agustinas Recoletas, contemplativas procedentes de México. El primer monasterio agustino recoleto de vida contemplativa en Colombia. La ceremonia contó con la presencia del prior General, Fray Miguel Miró Miró, el prior Provincial Fray Albeiro Arenas Molina y los Frailes delegados al capítulo provincial y algunos religiosos, religiosas y laicos.

Euc-monasterio-2.jpg

 

 

 

Los superiores generales y religiosas que vivieron en primera persona el asesinato de las dos españolas cuentan por primera vez cómo vivieron la muerte de Caridad Álvarez y Esther Paniagua el 23 de octubre de 1994 en Argel en el documental ‘Cari y Esther: mártires de vida’

El papa Francisco aprobó el pasado sábado 27 de enero el decreto de beatificación de las religiosas agustinas misioneras Caridad Álvarez Martín y Esther Paniagua Alonso, asesinadas en 1994 en Argel, junto a la de los otros 17 sacerdotes y religiosos que murieron entre 1994 y 1996 en Argelia. El Santo Padre reconoció el martirio de las dos españolas y el resto de cristianos que murieron durante los años más duros de la Guerra Civil argelina.

Con este motivo, la Oficina de comunicación de la Orden de Agustinos Recoletos publica este martes el documental Cari y Esther, Mártires de vida que recoge los testimonios de los Superiores generales de la familia agustiniana y de las personas que vivieron de cerca la muerte de las dos religiosas. En algo más de 25 minutos, el reportaje multimedia recuerda con sus protagonistas el discernimiento que realizaron las agustinas misioneras los días previos a su asesinato, el día de su muerte y el significado que tuvo para toda la familia agustiniana y la reacción que supuso el anuncio de la beatificación.

Durante el vídeo se pueden ver además imágenes inéditas de las dos misioneras, así como el crucificado y la Virgen de África que estaban en la casa de Bab-el-Loued donde vivía la comunidad de religiosas.

María Jesús Rodríguez, Superiora provincial de la Provincia San Agustín de las Agustinas Misioneras, acompañaba a Cari y Esther en el camino que realizaron desde la comunidad en la que vivían hasta la capilla a la que acudían a la eucaristía y en cuya puerta fueron abatidas a tiros. En primera persona cuenta cómo vivieron las dos religiosas los días previos a su muerte, siempre “con alegría y sencillez”. Cuenta en el reportaje que, como Superiora provincial, debía visitar todos los años las comunidades de la provincia. En octubre de 1994, con motivo del discernimiento que Monseñor Henri Teissier mandó realizar, decidió viajar a Argelia y acompañar a todas las religiosas del país.

“Solo escuchaba dos nombres: Cari y Esther”

Tras la realizar los ejercicios espirituales en los que decidieron continuar en Argel pese a la extrema violencia que se estaba produciendo, continuó con ellas algunos días más. María Jesús Rodríguez recuerda cómo fue aquel 23 de octubre. “Cuando llegó Esther, le dijimos que era el Domund y que todo el mundo estaría rezando por nosotros”, cuenta. “Una de ellas dijo vamos en parejas de dos, como recomienda la embajada”. Cari y Esther salieron primero.

“Cuando ya estábamos a escasamente 100 metros (…) oímos dos disparos. Yo me quedé sobresaltada (…). Nos sorprendió que la gente desde las terrazas nos decía ‘hermanas, regresen a casa’ (…). Cuando entramos en esa casa, parte del complejo de la iglesia, oímos llorar. Pedí que nos dieran algo para ver por encima de la tapia. No veía nada pero sí lo suficiente para escuchar el llanto, para gritar qué pasaba y para escuchar solamente dos nombres: Cari y Esther”.

El recuerdo de las dos agustinas misioneras sigue vivo en todo el mundo

La actual Superiora general de las Agustinas Misioneras, Piedad Pacho, estaba en 1994 en Tanzania. Hasta allí llegó la noticia con retraso. “Al día siguiente, al salir de misa, el catequista se acercó a la Superiora y le dice ‘¿ustedes tienen comunidades en Argel? Es que he escuchado que han matado a dos agustinas misioneras en Argel’. No nos pudimos conectar con la casa de Madrid. Al encender Radio Internacional, estaban hablando de Esther. (…) Al día siguiente las hermanas de Madrid (…) nos dijeron lo que había sucedido”. Piedad Pacho destaca la importancia que tienen Caridad y Esther para la congregación de la familia agustiniana presente en 16 países. “En África, en las escuelas, en el dispensario, en el orfanato, allí están las fotos de Esther y Cari; si vas a Brasil, a Marajó, en las escuelas de las islas, allí están las fotos de Caridad y Esther; o en India o en Filipinas”.

“Dios y la historia estaban marcando su camino”

La agustina misionera Mari Paz Martín vivió muy de cerca aquellos días de 1994. Ella destaca por encima de todo el discernimiento que realizaron los días 6 y 7 de octubre. “Apenas terminaron, nos trajeron las conclusiones. Las trajo Ángela, la madre general. Es conmovedor porque citaban las citas bíblicas, las comentaban. Es estremecedor porque parece que Dios y la historia estaban marcando su camino”, explica. Cari y Esther, dice, “no querían morir, querían la vida, pero se presentó así y no echaron para atrás”.

Los priores generales de la Orden de San Agustín y la Orden de Agustinos Recoletos, Alejandro Moral y Miguel Miró, destacan la importancia que ha tenido el testimonio, la muerte y la beatificación de las dos monjas. “Para la familia agustiniana es muy importante porque son dos hermanas, nos unimos mucho en el dolor (…). Supone que dos hermanas, viviendo nuestra espiritualidad lleguen a ser beatas”, dice Alejandro Moral. Por su parte, Miguel Miró afirma que “es un testimonio que nos llena de esperanza, de alegría y que nos llena de vida”. En este sentido, Javier Pipaón, que era Prior general de los Agustinos Recoletos en 1994, recuerda que “no causó alegría pero, después de la tristeza y del sufrimiento, sí es un hecho que conforta en la vocación de todos nosotros”.

Los Agustinos Recoletos de Filipinas llegaron a Casian en 2008. Desde esta parroquia atienden la labor pastoral en otras siete islas del alrededor. Es territorio de misión declarado por el obispado de Palawan

El agua es un obstáculo para los miles de filipinos que viven en alguna de las pequeñas islas que conforman el archipiélago. Es lo que le ocurren a los habitantes de sietes islas cercanas a la de Casian, donde desde 2008 realizan su labor pastoral los Agustinos Recoletos. Los misioneros, a cargo de la parroquia principal de San Isidro Labrador, en la isla de Casian, deben recorrer semanalmente las aguas que separan cada islas para repartir los sacramentos y atender espiritualmente a los cristianos de estas islas, que prácticamente se encuentran incomunicados.

El agustino recoleto Joel Naranja, que durante varios años realizó la labor misionera en este lugar y actualmente se encuentra en Cuba, explica el “desafío” que supone ser misionero en Casian. “Nuestro trabajo aquí consiste en un mundo acuático”. Indica que para acudir de una isla a otra es obligatorio utilizar los botes. “Cuando vamos a una capilla, tenemos que viajar en barco media hora, cuarenta minutos o una hora hasta llegar a la isla que queremos”, indica. “Cada sábado y domingo vamos a cada una de estas islas. Los tres sacerdotes nos repartimos la labor y acudimos desde la mañana a dar la eucaristía”, dice Charly Orobia, agustino recoleto y prior de la comunidad de Agustinos Recoletos en este territorio de misión.

Para Joel Naranja, la labor que aquí se realiza responde al mandato del Papa Francisco. “Dice el papa que tenemos que ir a las periferias y hablar de Cristo. Eso es lo que tratamos de hacer. Esperamos que lo poco que aquí hacemos dé algunos resultados”, indica. Ahonda en la dificultad de las islas de Casian la situación que viven los miles de filipinos de este lugar. “Hay mucha gente que vive en la pobreza, únicamente se dedican a la pesca para ellos mismos, por lo que es gente muy pobre”, explica Charly Orobia.

 

 

 

 

agustinas-recoletas-corazon-jesus-comedores-venezuela.jpg
Las hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, dentro del programa de ayuda ‘Unidos con Venezuela’ están realizando una labor de apoyo a miles de venezolanos con los comedores sociales mediante la generosidad de los donantes. Lo cuenta en este artículo Gracelia Molina

Signos de esperanza en medio de la crisis venezolana

En pleno siglo XXI, en medio de una crisis social, económica y política que vive Venezuela, las Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, hijas espirituales de la beata María de San José, seguimos respondiendo a los desafíos que la sociedad y la Iglesia actual nos presentan. A diario, nos toca ver a la puerta de nuestras casas el rostro de Cristo sufriente. Un Cristo que padece hambre, penurias, desnudez, enfermedad… hoy son más de 500 personas: madres con sus hijos en brazos, abuelitos, enfermos, discapacitados, indigentes, niños de la calle y niños especiales que sufren abandono y maltrato, quienes a diario se acercan a nuestra casa pidiendo no sólo un plato de comida, ropa, juguetes o medicinas, sino acogida, comprensión y escucha amorosa.

Hoy por hoy, se acrecienta para nosotras la experiencia de hacernos una con el dolor del hermano, compartiendo con ellos las mismas dificultades para sobrevivir en una sociedad que no sólo carece de recursos y herramientas para cubrir las necesidades básicas de los venezolanos y garantizar el respeto de los derechos humanos, sino que favorece, por el contrario, el desabastecimiento y la carestía.

Nos sostiene la providencia divina

Nada tenemos, pero Dios, Padre providente en su infinita y desbordante misericordia, no deja de abrir las puertas para que personas de buena voluntad, instituciones y empresas nos ayuden con este apostolado desbordante, de atender a diario a más de 500 personas, que se aglomeran en nuestra portería con hambre y sed material y de Dios. La Congregación de Hermanas Agustinas Recoletas, nunca ha contado con ayuda gubernamental para llevar a cabo esta labor. Confiadas en la divina providencia, oramos con fe para que Dios, el Señor de la misericordia y de toda dádiva buena, suscite en el corazón de algunos Hermanos la generosidad que necesitamos para poder conseguir los recursos económicos y los alimentos no perecederos que precisamos para seguir alimentando a aquellos Hermanos con hambre y necesidad.

Somos testigos, de que en pleno siglo XXI, el Señor se sigue mostrando providente. Mientras la crisis venezolana se acrecienta cada día más, al parecer sin límites y ante la desesperanza de tantos coterráneos, Dios nos sigue sorprendiendo cada día, ocupándose ÉL mismo de esta obra en favor de sus hijos sufrientes. Ante los ojos del mundo, de cualquier persona que trata de buscar la lógica humana, esta obra se torna insostenible, máxime la adversa situación de crisis nacional que nos toca vivir en la actualidad. Sin embargo durante décadas y décadas la mano de Dios la ha mantenido y en estos últimos dos años, cuando con inmensa preocupación hemos visto crecer las exigencias de la misma, en cuanto al aumento del número de personas, de los costos de los alimentos y la escases de productos,  damos testimonio alegre y agradecido de que Dios sigue vivo y actúa en favor de los más necesitados, abriendo la despensa del cielo, para enviarnos cuanto se hace imperiosamente necesario.

“Los desechados de todos, ésos son los nuestros”

Las Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, somos una Congregación religiosa, sin fines de lucro, cuyo carisma fundacional nos lleva al trabajo con los pobres, los más vulnerables, los desatendidos de la sociedad. Expresaba nuestra Madre fundadora: “Los desechados de todos, los que nadie quiere recibir, ésos son los nuestros”. Siguiendo su legado espiritual de mujer profundamente unida a Jesús Eucaristía, sus hijas atendemos en diversos Estados de Venezuela, en Perú y Colombia una gama de obras que contempla, entre otros, los siguientes aspectos: Colegios, Casas hogares para niñas y adolescentes, Casas Hogares Permanentes para niños abandonados, Ancianatos, Casas de Misión, Casas de Evangelización, Trabajo con grupos de apostolado (infancia misionera, grupos juveniles y Fraternidades seglares), Ministerios: De de música “Unción de lo Alto”, de Danza “La gloria de Dios” y de oración e intercesión “Shekinah”, Distribución gratuita de Hostias, Catequesis y evangelización, Comedores gratuitos para pobres e indigentes, Labor social y de solidaridad.

Este apostolado en nuestra Congregación se extiende en el trabajo silencioso y abnegado de cientos de religiosas que desde 1901 han sido signo de la presencia de Dios en situaciones de extrema pobreza y realidades adversas,  como los son hospitales, cárceles, barrios, zonas marginadas, trabajo con los indigentes,  desvalidos y con quienes sufren situación de pobreza extrema o están en situación de riesgo, acompañando integralmente y sin discriminación a las personas  que soliciten nuestra ayuda, en donde vemos el rostro de Cristo sufriente.

nada tenemos.jpg

 

Nuestros destinatarios

Son personas en situación de pobreza crítica, que van desde los 0 años hasta adultos mayores (de la 3ra edad). Varían en sus condiciones de salud, edad y niveles de formación. Entre ellos destacan un grupo personas discapacitadas, indigentes (familias enteras que viven en la calle), madres jóvenes y solas (por embarazo precoz), niños abandonados (huérfanos, desprotegidos, maltratados o en situación de riesgo), adultos mayores (ancianos en pobreza extrema) y enfermos (pacientes con enfermedades mentales, renales, epilépticos, hipertensos, entre otros)

A cada persona participante de este programa de apoyo se le realiza un censo, donde a través de una pequeña entrevista se lleva a cabo el diagnóstico de su realidad, enfocado en las carencias y dificultades para ser actualmente una persona productiva, capaz de auto sustentarse y mantener su núcleo familiar. En la mayoría de los casos, son personas que no cuentan con la disposición de proveerse otra comida al día. Es la triste y repetitiva historia que día a día escuchamos de sus labios y que vemos reflejada en sus rostros dolientes y maltratados por la enfermedad. Por tal motivo asisten asiduamente, a recibir su plato de comida, pasando así a engrosar el porcentaje de los venezolanos que se proveen una sola comida al día.

Debido al aumento de personas en los últimos meses, llegando a delimitar más de 500 platos de comida diarios (de lunes a lunes) nuestra comunidad religiosa, ha tenido que reestructurarse para ofrecer una logística de trabajo que nos permita organizarnos en comisiones de trabajo para atender, en planificación y organización, no sólo la gran cantidad de personas que se congregan a diario a las puertas de nuestra casa, sino el trabajo previo, que desde tempranas horas de la mañana debemos hacer en la elaboración de los alimentos y el aseo de las respectivas áreas de trabajo, rotarnos para no descuidar las demás actividades pastorales, censar cada persona o familia, hacer una data computarizada con todos los datos personales y de salud, coordinar atención médica general y pediátrica, jornadas de evangelización, catequesis sacramentales (bautizos, jornada de confesiones, primeras comuniones) y celebraciones especiales (Día del niño, día del anciano, navidad, Fiesta de los pobres en honor a san José, entre otros).

¿Qué necesitamos?

Cualquier tipo de ayuda es bienvenida: necesitamos tus manos para servir alimentos, tus oídos para escuchar a aquel que se siente solo e incomprendido, tu aporte monetario para adquirir los insumos y alimentos, tus labios, para que corras la voz y contagies a otros en el servicio, tu oración para que nuestros hermanos puedan mejorar su condición de vida y puedan conocer a Dios, tu testimonio para que ellos puedan creer en el Dios que les predicamos, tu corazón para reconocer en ellos el rostro de Cristo que viene a tu encuentro. Sabemos que juntos vamos haciendo un equipo de amor y de solidaridad en favor del desechado de nuestra sociedad. Cada uno aporta aquello que puede ofrecer o hacer y así nos complementamos en esta tarea que sin duda, nos abrirá un día las puertas del cielo.

Y aunque sabemos que no podremos solventar totalmente las grandes necesidades de nuestros destinatarios, nos consuela el hecho de poder paliar, de alguna forma, el hambre que les pesa, la carga de la impotencia y la enfermedad que les agobia. Desde la caridad evangélica, queremos hacer vida el mandato del Señor Jesús: “Denle Ustedes de comer” (Lc 9,13).

Hna. Gracelia Molina, arcj

Artículo publicado en el Anuario de Agustinos Recoletos 2017

El Santo Padre Francisco ha dispuesto enviar a la República Democrática del Congo, para el despacho de los asuntos de la nunciatura apostólica en Kinshasa, a S.E. Mons. Ettore Balestrero, arzobispo titular de Vittoriana, nuncio apostólico, hasta ahora representante pontificio en Colombia.

Los Agustinos Recoletos realizan en CARDI una labor de acompañamiento a enfermos y sus familias en Ciudad de México. Apoyan su situación otorgándoles una ayuda integral, para su higiene y descanso y su interior

CARDI es el Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral que los Agustinos Recoletos comenzaron en Ciudad de México en 2008. Aunque más bien CARDI es la casa para miles de familias que, con alguno de sus miembros hospitalizados, llegan aquí para recibir apoyo y ayuda integral. La filosofía de CARDI está enraizada en el carisma de los Agustinos Recoletos. “Aquí hacemos presente ese carisma nuestro: hacemos una familia de la que ellos son parte y pueden venir, sentirse acogidos…”, dice el agustino recoleto Víctor Mancera, administrador del centro. “Aquí encuentran un rato de sonrisa, de escucha, de comprensión, de compasión y de acogida”. Así lo define Ricardo Magallanes, agustino recoleto que ha estado al frente de CARDI hasta hace algunas semanas, cuando ha sido sustituido Óscar Castellanos.

Entre sus cuatro paredes y tres plantas se ofrecen servicios que no se encuentran en otro lugar de la Colonia de Hospitales de la capital de México. Por un lado, el abrazo fraterno de los agustinos recoletos y voluntarios que diariamente acuden al centro con ganas de aportar lo mejor de sí y recibir las experiencias de las personas que llegan con sus dificultades. Además del acompañamiento -clave para Eduardo Carballido, Coordinador general de CARDI- el centro ofrece la posibilidad de lavar la ropa, asearse, tomar un café o descansar. Son servicios importantes para las familias de enfermos llegados de muchos puntos del país y que pasar semanas fuera de su casa.

En CARDI, los pacientes de los hospitales de Ciudad de México y sus familias tienen acceso a especialistas, psicólogos y terapeutas, así como al dispensario médico donde obtienen, por un pequeño donativo, los medicamentos que necesiten, donados previamente por los benefactores de CARDI. Todo ello junto al acompañamiento de los más de 100 voluntarios dispuestos siempre a escuchar y abrazar. Cada año pasan por CARDI alrededor de 52.000 personas. Miles de historias como las de Emilio Vargas y Alejandra de Jesús. El primero acude con su padre, que recibe casi diariamente terapia. Al centro de los Agustinos Recoletos llegan para descansar y asearse. Alejandra tiene a su hijo de dos meses de vida ingresado en el Hospital Siglo XXI. Su situación es complicada. Pierde de vista a su pequeño para acudir a CARDI, asearse, descansar y recibir el apoyo de los voluntarios.

María es voluntaria del dispensario médico de CARDI. “Cuando llegué pensaba que venía a ayudar pero me di cuenta que la que salía más ayudada era yo”. Es su testimonio después de compartir muchos momentos con las personas que han pasado por el centro. Ricardo Magallanes destaca las historias que ha conocido como su principal experiencia. “Preguntas que te hacen y que solo puedes responder con un abrazo. Es lo que más me ha marcado”.

 
 
 
 
 
 
 
InicioAnterior123456SiguienteFinal
Página 1 de 6