Homilía Dominical Agustiniana

Solemnidades (27/05/2018) 

  La Santísima Trinidad

Éxodo 34,4b-6.8-9; Daniel 3,52-56; 2 Corintios 13,11-13; Juan 3,16-18

“Glorifiquen conmigo al Señor y alabemos juntos su Nombre (Sal 34,4). Porque una sola cosa es necesaria, la unidad celestial, la unidad en la cual el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola cosa. Vean cómo se nos recomienda la unidad. Es verdad que nuestro Dios es una Trinidad: el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Padre, el Espíritu Santo no es ni el Padre ni el Hijo, sino el Espíritu de ambos; y sin embargo estos tres no son tres dioses, ni tres omnipotentes, sino un solo Dios omnipotente, la misma Trinidad es un solo Dios; porque una sola cosa es necesaria. Y a ésta no podremos llegar si, a pesar de ser muchos, no tenemos un solo corazón.” (S 7,4)

“Lo que hace Cristo con el Padre, lo hace el Padre, y lo que el Padre hace con Cristo, lo hace Cristo. El Padre no hace nada solo, sin el Hijo; ni el Hijo realiza nada solo, sin el Padre. Son indivisible caridad, indivisible unidad, indivisible grandeza, indivisible potencia, según las mismas palabras de Cristo: Yo y el Padre somos una misma cosa (Jn 10,30).” (C.E.S.J. 5,1)

“Tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo te harás digno de verlo; amando al prójimo, limpias tu ojo para ver a Dios.”(C.E.S.J. 17,8)

“No esperen escuchar de mí, queridos hermanos míos, aquellas cosas que en aquel momento el Señor no quiso decir a los discípulos, porque no podían soportarlas; busquen más bien progresar en la caridad, que se derrama en los corazones de ustedes por medio del Espíritu Santo que les ha sido dado (Cf. Rm 5,5); de modo que, con el espíritu encendido y enamorados de las realidades espirituales, ustedes puedan conocer, no mediante unos signos que se muestren a los ojos del cuerpo, ni mediante unos sonidos que resuenen en los oídos del cuerpo, sino con la mirada y el oído interiores, la luz espiritual y la voz espiritual que los hombres carnales no son capaces de soportar.

Efectivamente, no se puede amar lo que profundamente se ignora. Pero, cuando se ama algo que de algún modo se conoce, por ese mismo amor se llega a conocerlo más y mejor. Por lo tanto, si progresan en el amor, que derrama en los corazones de ustedes el Espíritu Santo, él les enseñará toda la verdad (Jn 16,13), o como se encuentra en otros manuscritos, él los guiará a la verdad total; por lo cual se dijo: Condúceme, Señor, por tu camino, y caminaré en tu verdad (Sal 86,11). Así no tendrán necesidad de educadores externos para aprender aquellas cosas que el Señor en aquel tiempo no quiso decir, sino que bastará que todos se dejen instruir por Dios (Cf. Jn6,45); para que sean capaces de contemplar con la inteligencia esas mismas cosas que aprendieron y creyeron mediante las lecturas y las explicaciones externas sobre la naturaleza incorpóre a de Dios, que no está encerrada en ningún lugar ni extendida como una masa enorme por el espacio infinito, sino que está toda entera, perfecta e infinita, en todo lugar, sin colores nítidos ni representada por líneas, sin signos literarios ni sucesión de sílabas.

Tal vez dije algo que es del más allá, y a pesar de todo lo recibieron, y no sólo han podido soportarlo, sino que hasta lo escucharon con verdadero gusto. Pero, si aquel Maestro interior, que cuando aún hablaba exteriormente a los discípulos, les dijo: Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden soportar ahora (Jn 16,12), quisiera decirnos interiormente lo que yo dije sobre la naturaleza incorpórea de Dios, como se lo dice a los santos ángeles, que siempre ven el rostro del Padre (Cf. Mt 18,10), aún no seríamos capaces de soportarlo. Por esto, lo que Jesús dijo: Él les enseñará toda la verdad, o: Él los guiará a la verdad total, no creo que se pueda cumplir en esta vida en cualquier inteligencia. En efecto, ¿quién, viviendo en este cuerpo que se corrompe y que le pesa el alma (Cf. Sab 9,15), podrá conocer toda la verdad, si el apóstol dice: Conocemos solo en parte (1 Cor 13,12)? Pero es por obra del Espíritu Santo, del cual ahora hemos recibido un anticipo (Cf. 2 Cor1, 22), que llegaremos a la misma plenitud de la que el Apóstol dijo: Después veremos cara a cara, y: Ahora conozco sólo en parte, después conoceré como [por Dios] soy conocido (1 Cor 13,12). Porque no es en esta vida que se conoce todo, ya que el Señor nos lo prometió, por amor del Espíritu, para aquella perfección futura, diciendo: Él les enseñará toda la verdad, o bien: Él los guiará a la verdad total.”(C.E.S.J. 96,4)”                                                                                                                                                                                                                                                                               

Selección: Fray José Echávarri, oar
Traducción: Gerardo García Helde