Homilía Dominical Agustiniana

Domingos durante el año (18/11/2018) 

 

33° Domingo durante el año

 
Daniel 12,1-3/ Salmo 15,5-11 / Hebreos 10,11-14.18 / Marcos 13,24-32
 
“Jesús, el Señor, que otorga el amor, condena la codicia. Él quiere en realidad arrancar el árbol malo y plantar un árbol bueno. Del amor mundano no brota ningún fruto bueno; del amor de Dios ninguno malo. Estos son los dos árboles de los cuales dijo el Señor: El árbol bueno produce frutos buenos y el árbol malo produce frutos malos (Mt 7,17). Por eso, nuestra palabra, cuando proviene de Dios, es como el hacha a la raíz de un árbol malo (Cf. Mt 3,10). Las mismas palabras que resonaron del santo Evangelio golpean a los árboles malos. Los podan, no los talan. Debes saber que no te ayuda lo que tu Creador no quiere que tengas. El Señor no quiere que nosotros tengamos la avaricia del mundo. Entonces, ninguno diga: ‘Busco lo mío, no lo ajeno’. Cuídense de toda clase de avaricia (LCD 12,15). Si amas en exceso tus bienes que pueden extinguirse, seguramente perderás aquellos bienes tu-yos que no pueden extinguirse. ‘Yo —dices— no quiero ni perder lo que es mío, ni tomar lo que es ajeno’. Esta excusa es signo de cierta avaricia, no un adorno de la caridad. De la caridad se dijo: No buscael propio interés, sino el de los demás (1 Cor 1,5; Fil 2,4). No busca sucomodidad, sino la salvación de los hermanos. Porque también eseque pidió ayuda al Señor, si prestaron atención, si lo entendieronbien, buscaba su propio interés, no el ajeno. Su hermano habíatomado para sí todo el patrimonio y no le había dado la parte que lecorrespondía como hermano. Él vio al Señor justo —no podía haberencontrado un juez mejor— y le pidió ayuda diciendo: Señor, dile ami hermano que comparta conmigo la herencia (Lc 12,13). ¿Hay algomás justo? ‘¡Que él tome su parte y me dé la mía!’. Ni todo para mí, ni todo para él, porque somos hermanos’. Y esas mismas cosas quebuscaban dividir las habría poseído siempre enteras, si hubieranvivido de acuerdo. Todo lo que se divide, disminuye. Si hubieran estado en concordia en su casa, como lo estaban durante la vidadel padre, entonces cada uno lo habría poseído todo. Si por ejemplo hubieran poseído dos propiedades, ambas pertenecerían a ambos ysi a uno se le preguntara de quién es, diría que es suya. Si a uno deellos se le preguntara: ‘¿De quién es esta propiedad?’, respondería:‘Es nuestra’. Igualmente, si uno hubiera preguntado de quién erala otra, respondería: ‘Es nuestra’. Si en cambio, cada uno de elloshubiera tomado una, la hacienda disminuiría y la respuesta seríadiversa. Ahora, si uno preguntara: ‘¿De quién es esta propiedad?’,respondería: ‘Es mía’. ‘¿De quién es aquella?’. ‘De mi hermano’. Noadquiriste una, sino que perdiste una, porque dividiste.

Por tanto, como le parecía que tenía un deseo justo porque buscaba su parte y no deseaba la ajena; confiando en la justicia de su causa, pidió ayuda al justo Juez. Pero, ¿qué le respondió el justo Juez? Di, hombre, —porque no entiendes las co-sas que son de Dios sino las de los hombres— ¿quién me ha constituidomediador en la división de la herenciade ustedes? (Lc 12,14). Negó lo que sele había pedido, pero dio más de lo que negó. Aquel le había pedido un juicio so-bre el reparto de la herencia; él le dio el consejo de no ser avaro. ‘¿Por qué buscas la propiedad? ¿Por qué buscas la tierra? ¿Por qué buscas tu parte? ¡Si no tienes avaricia, lo tienestodo!’. Fíjense, avaros, en el que no tenía avaricia, y que ha dicho:Somos como gente que no tiene nada aunque lo tenemos todo (2 Cor 6,10). ‘Entonces, tú —le dice Cristo— me pides a mí que tu herma-no te de la parte de tu herencia. Yo les digo a ustedes: Cuídense de toda clase de avaricia (Lc 12,15)’. Tú piensas que te cuidas de laavaricia de los bienes ajenos. Yo te digo: Cuídense de toda clase deavaricia (Lc 12,15). Tú quieres armar excesivamente tus bienes y portus cosas hacer bajar tu corazón del cielo y, queriendo acumulartesoros en la tierra, buscas oprimir tu alma. Efectivamente, el almatiene sus propias riquezas como la carne también tiene las suyas.”(S 107 A, 1)
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Selección: Fray José Echávarri, oar
Traducción: Gerardo García Helde