Homilía Dominical Agustiniana

Tiempo de Cuaresma (24/03/2019)  

3° domingo de Cuaresma

 

Éxodo 3, 1-8a.10.13-15 / Salmo 102, 1-4.6-8.11 / 1 Corintios 10, 1-6.10-12 / Lucas 13, 1-9

“Con razón dice también el Señor en el Evangelio de cierto árbol infructuoso: Hace tres años que me acerco a él sin encontrar fruto; lo cortaré para que no moleste en mi campo (Lc 13, 7). Intercede el viñador, intercede cuando ya el hacha está a punto de caer sobre las raíces infructuosas para herirlas; intercede el viñador como intercedió Moisés ante Dios. Intercede el viñador y dice: Señor, déjalo todavía este año, yo removeré la tierra alrededor de él y lo abonaré: si da fruto, bien, si no, vienes y lo cortas (Lc 13, 8-9). Este árbol es la humanidad. El Señor visita este árbol en el tiempo de los Patriarcas, como si fuera el primer año. Lo visitó en el tiempo de la Ley y los Profetas, como si fuera el segundo año. Con el Evangelio amanece el tercer año, ya casi se lo debería cortar, pero el misericordioso ruega al que es misericordioso. El mismo que quería mostrarse misericordioso, se puso a objetar como intercesor. ‘Déjenlo también este año —dijo— que se cave la tierra alrededor de él (el pozo es signo de la humildad), que se le ponga un cesto de abono, y posiblemente dará fruto’. Si una parte da fruto y otra no, vendrá su dueño y lo dividirá (Mt 24, 51). ¿Qué significa que lo dividirá? Porque ahora hay buenos y hay malos como en un conjunto, organizados como un solo cuerpo.” (S. 254, 3)

“La higuera es la humanidad, mientras que los tres años son tres tiempos: uno antes de la Ley, otro bajo la Ley y el tercero bajo la gracia. No es impropio ver en la higuera a la humanidad. En efecto, el primer hombre, cuando pecó, ocultó sus vergüenzas con hojas de higuera, ocultó aquellas partes de donde nacimos, los miembros que antes del pecado eran gloriosos y que después del pecado se convirtieron en vergonzosos. En suma: estaban desnudos, pero no sentían vergüenza (Gn 2, 25), no tenía de qué ruborizarse porque el pecado no los disminuía. No podían ruborizarse de las obras de su Creador, porque todavía no habían mezclado ninguna de sus malas obras con las buenas obras de él. Por lo tanto de allí nació la humanidad, un hombre de un hombre, un culpable de un deudor, un mortal de un mortal, un pecador de un pecador. En este árbol se designa a aquellos que en todos los tiempos no quisieron dar fruto, y el hacha estaba a punto de caer sobre las raíces infructuosas.

El viñador intercede y se aplaza el castigo para ofrecer un auxilio. El viñador que intercede es todo santo que dentro de la Iglesia ora por todos los que están fuera de la Iglesia. ¿Y qué significa: Señor, déjala todavía por este año? Esto es, en este tiempo que está bajo la gracia, perdona a los pecadores, perdona a los infieles, perdona a los estériles, perdona a los que no dan fruto. Yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré: si da fruto, bien, si no, vendrás y la cortarás (Lc 13, 8-9). ¿Cuándo vendrás? En el día del Juicio. ¿Cuándo vendrás? Entonces vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos (1 Pe 4, 5). Ahora, mientras tanto, perdona.

¿Qué significa cavar alrededor, sino enseñar la humildad de la penitencia? El pozo, en efecto, está bajo la tierra. El cesto de abono debe entenderse bien. Es basura [excrementos], pero produce fruto. La basura del viñador es el dolor del pecador; el que hace penitencia, la hace en la basura, si es que la entiende y la hace sinceramente. Por lo tanto, a este árbol se le dice: Hagan penitencia, porque se acerca el Reino de los cielos (Mt 3,2).” (S. 110, 1)

“Los cuarenta días anteriores a la Pascua simbolizan este tiempo de nuestra miseria y de nuestros gemidos, si es que hay alguno que tenga una esperanza semejante a un gemido. En cambio, el tiempo de la alegría que verdaderamente habrá después, de la paz, de la felicidad, de la vida eterna, del Reino sin fin que aún no ha llegado, está simbolizado en los cincuenta días [de Pascua] en que cantamos las alabanzas de Dios. Porque nosotros tenemos dos tiempos que simbolizan algo: uno antes de la resurrección del Señor, otro posterior a la resurrección del Señor; uno en el que estamos, otro en el que esperamos estar en el futuro. El tiempo de la aflicción, simbolizado en los días de cuaresma, lo significamos y lo tenemos; en cambio, el tiempo de la alegría, de la paz, del Reino, que los días de Pascua simbolizan, lo figuramos con el canto del Aleluya, pero todavía no tenemos las alabanzas, aunque ahora suspires con el Aleluya. ¿Qué significa ‘Aleluya’? Alaben al Señor. Por eso en estos días posteriores a la resurrección se repiten en la Iglesia las alabanzas de Dios, porque también después de nuestra resurrección será perpetua la alabanza.

La Pasión del Señor simboliza nuestro tiempo, en el que lloramos. Los azotes, las cadenas, las burlas, los escupitajos, la corona de espinas, el vino con hiel, el vinagre en la esponja, los insultos, los oprobios y, finalmente, la misma cruz, los sagrados miembros que cuelgan del madero, ¿qué simbolizan para nosotros sino el tiempo en el que vivimos, tiempo de tristeza, tiempo de mortalidad, tiempo de prueba? Por esto es un tiempo sucio, pero: ¡Qué esta suciedad del abono esté en el campo, no en la casa! ¡Que la tristeza sea por los pecados, no por los deseos frustrados! Es un tiempo sucio, pero si es bien empleado, es un tiempo fértil. ¿Hay algo más sucio que un campo abonado con estiércol? El campo era hermoso antes de recibir el cesto de abono, pero primero hubo que recubrirlo de suciedad para llegar a la abundancia. La suciedad, por lo tanto, es un símbolo de estos tiempos, pero que para nosotros esta misma suciedad sea un tiempo de fertilidad. Y veamos junto al profeta que dijo: Lo hemos visto. ¿Cómo? No tenía belleza ni hermosura (Is 53, 2). Pregúntale a otro profeta: ¿Por qué? Han contado todos mis huesos (Sal 22, 18). Fueron contados todos los huesos del que colgaba [de la cruz]. Aspecto sucio el del crucificado, pero esa misma suciedad engendra hermosura. ¿Cuál hermosura? La de la resurrección, porque por tu hermosura, eres el más hermoso de los hijos de los hombres (Sal 45, 3).” (S. 254, 5)

“¡Qué cada uno sea un árbol bueno! Que no piense tener frutos buenos, si sigue siendo un árbol malo. No serán frutos buenos si no son de un árbol bueno. ¡Cambia el corazón y cambiará la obra! Extirpa la avaricia, planta la caridad, porque del mismo modo que la avaricia es la raíz de todos males (1 Tim 6, 10), la raíz de todos los bienes es la caridad. “ (S. 72, 4)

 

Selección: Fray José Echávarri, oar
Traducción: Gerardo García Helde