Homilía Dominical Agustiniana

Domingos durante el año (30/09/2018) 

 

26° Domingo durante el año

 
Número 1,16-17a.24-29 / Salmo 18,8-14 / Santiago 5,1-6 / Marcos 9,38-43.45.47-48
 
“Así como nada trajiste cuando viniste a este mundo, nada te podrás llevar (1 Tim 6,7). Envía para allá lo que has podido encontrar, seguro de que no lo perderás. Dáselo a Cristo. Cristo mismo, en verdad, quiere recibir en este mundo; dale a Cristo y no perderás. Si no pierdes algo cuando se lo entregasa tu servidor, ¿crees que lo perderás si se lo entregas a tu Señor? Si no pierdes lo que compraste cuando se lo entregas a tu servidor, ¿crees que si le entregas a tu Señor lo que de él mismo recibiste, lo perderás? Cristo quiso pasar necesidad en este mundo, pero por nosotros. Cristo puede alimentar a todos los pobres que ustedes ven, como alimentó a Elías mediante un cuervo. Sin embargo, también a Elías le hizo faltar el cuervo, para que fuera alimentado por una viuda. Y esto no fue tanto un beneficio concedido a Elías, cuanto a la viuda (Cf. 1 Re 17). Esto quiere decir que cuando Dios dispone que algunos sean pobres —porque es él el que no quiere que posean bienes materiales— cuando crea a los pobres pone a prueba a los ricos. Así, en efecto, está escrito: El pobre y el rico tienen algo en común (Pov 22,2). ¿Dónde tienen algo en común? En esta vida. Nació uno y nació también el otro; se conocieron y se encontraron. ¿Y quién los hizo a los dos? El Señor (Pov 22,2). Hizo al rico para que ayudara al pobre, hizo al pobre para poner a prueba al rico.
 
Que cada uno haga [limosna] según sus posibilidades. Que nadie obre de modo que llegue a pasar él mismo necesidad. No es esto lo que les decimos. Pero lo que tú tienes de superfluo, otro lo necesita. Recién, cuando se leyó el Evangelio, escucharon: El que dé de beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser mi discípulo no quedará sin recompensa (Mt 10,42). Es como si se hubiera puesto en venta el Reino de los cielos, estableciendo que su precio fuera un vaso de agua fresca. Pero este vaso de agua fresca podrá ser [suficiente como] limosna cuando el que da la limosna es un pobre; uno que tiene de más, debe dar más. Eso hicieron aquella viuda que dio dos pequeñas monedas (Cf. Mt 12,41-44), y Zaqueo que dio la mitad de sus bienes, reservándose la otra mitad para compensar por las estafas que había cometido (Cf. Lc 19,1-10). Las limosnas ayudan a los que cambian de vida, tú le das a Cristo necesitado para redimir tus pecados pasados. Si en cambio das presumiendo que así te es lícito continuar pecando, no alimentas a Cristo sino que intentas corromper a tu juez. Den, por tanto, limosna para que las oraciones de ustedes sean escuchadas y Dios los ayude a cambiar su vida por una mejor. Los que cambian de vida, cámbienla por una mejor. Y que por las limosnas y las oraciones de ustedes les sean borradas las culpas pasadas y obtengan los bienes futuros, que son para siempre. (S 39,6)
 
“Nuestro Señor nos aconsejó que no permanezcamos mutuamente indiferentes ante los pecados que podamos cometer, pero no buscando algo que reprochar, sino cuidando lo que se debe corregir. Él, en efecto, dijo que solo quien no tiene una viga en el propio ojo, tiene la mirada aguda como para quitar la pelusa del ojo de su hermano (Cf. Mt 7,3-5). Pero lo que esto quiere decir, es lo que trataré de hacerles entender brevemente a ustedes. La pelusa en el ojo es la ira; la viga en el ojo es el odio. Por tanto, cuando uno que odia reprende a un iracundo, quiere quitar la pelusa del ojo de su hermano, pero se lo impide la viga que lleva en el propio ojo. Una pelusa es el comienzo deuna viga, porque cuando una viga nace es una pelusa. Regando la pelusa, la conviertes en viga; alimentado la ira con malas sospechas, la conduces al odio.” (S 82,1)                      

Selección: Fray José Echávarri, oar
Traducción: Gerardo García Helde