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Martes, 02 July 2019 09:47

Siervos de la communio en la Iglesia del Señor Destacado

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En el quinto artículo de Formación Permanente 2019, el agustino recoleto Fabián Martín explica cómo vivir la comunión y la fraternidad en la comunidad de religiosos 

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Introducción

Desde el momento en que comencé a darle vueltas a este asunto de la comunión entre la vida religiosa y las Iglesias particulares, inevitablemente mi pensamiento voló una y otra vez a un texto que nos regaló el papa Benedicto XVI a todos los consagrados. En la reunión de la asamblea semestral de la Unión de Superiores Generales del 26 de noviembre de 2010, el Papa pronunció, con la agudeza de pensamiento y la capacidad de síntesis que lo caracterizan, un bellísimo Discurso sobre el futuro de la vida consagrada. Y dijo:

Considerar el futuro de la vida consagrada ha significado reflexionar sobre el sentido mismo de su vocación, que conlleva, ante todo, buscar a Dios, quaerere Deum: por vocación son buscadores de Dios. A esta búsqueda consagran las mejores energías de sus vidas. Pasan de las cosas secundarias a las esenciales, a lo que es verdaderamente importante; buscan lo definitivo, buscan a Dios, mantienen la mirada dirigida hacia él. Como los primeros monjes, cultivan una orientación escatológica: detrás de lo provisional buscan lo que permanece, lo que no pasa.

Buscan a Dios en los hermanos que les ha dado, con los cuales comparten la misma vida y misión. Lo buscan en los hombres y en las mujeres de nuestro tiempo, a los que son enviados para ofrecerles, con la vida y la palabra, el don del Evangelio. Lo buscan particularmente en los pobres, primeros destinatarios de la Buena Noticia (cf. Lc 4,18). Lo buscan en la Iglesia, donde el Señor se hace presente, sobre todo en la Eucaristía y en los demás sacramentos, y en su Palabra, que es camino primordial para la búsqueda de Dios, nos introduce en el coloquio con él y nos revela su verdadero rostro. ¡Sean siempre buscadores y testigos apasionados de Dios!

Por vocación, los consagrados son buscadores de Dios; por vocación, los consagrados son testigos apasionados de Dios. La vida consagrada pertenece sin discusión, como bien dijo el Concilio Vaticano II, a la vida y santidad de la Iglesia (cf. LG 44). Por su condición de discípulos misioneros, los consagrados salen de sí mismos para ir a buscar a Dios en los hermanos que él mismo les ha dado, y con los cuales comparten la vida y la misión. De hecho, la misión de la vida consagrada puede adquirir muchísimas formas y estilos, pero este género de vida reviste un elemento esencial: ser un regalo de Dios a su Pueblo en camino para la comunión. En este sentido, los consagrados se esfuerzan por vivir y cuidar la comunidad, y abren espacios para acoger el don de la comunión y crecer en ella junto con todos los que formamos la Iglesia.

A esta última afirmación –la vida religiosa consagrada es vida fraterna en comunidad que entrega a las Iglesias particulares la pedagogía de la comunión– dedicamos las páginas de esta reflexión. Para ello, partiremos de los conceptos sobre vocación y misión en un sentido bíblico, y después trataremos de aterrizarlos a lo específico de la vida religiosa consagrada. A continuación, navegaremos por el pensamiento de san Agustín relacionado con su legado sobre la misión de los siervos de Dios en la Iglesia. Dando un paso más, examinaremos algunos aspectos acerca de la misión que se gestaron en la reforma agustiniana del siglo XVI y que se plasmaron en la Forma de vivir de los frailes agustinos descalzos.

Una parte amplia de esta reflexión bebe de las fuentes del magisterio de la Iglesia en torno a la comunión en la vida consagrada. En concreto, nos centraremos en la teología que germinó en el Concilio Vaticano II y que en el postconcilio se fue poco a poco desarrollando, hasta llegar a dar frutos maduros en nuestros días. Asimismo, hacemos una especial mención del documento conclusivo de la V Asamblea del Episcopado latinoamericano en Aparecida. Allí se recuperó la dimensión discipular de la vida cristiana y se sacaron conclusiones muy lúcidas para la comunión en las Iglesias locales entre las distintas vocaciones.

Asimismo, con el objetivo de plantear propuestas concretas de comunión en las Iglesias particulares entre las diversas formas de vida cristiana y la vida religiosa, retomamos algunas de las notas específicas tanto de la vocación laical como del ministerio ordenado y las ponemos a dialogar con las propias de la vida consagrada. Y dado que la comunión es también un asunto que atañe a las diversas familias religiosas entre sí, ofrecemos una propuesta de síntesis de comunión entre estas. Por último, a modo de respaldo a algunas propuestas de comunión que se van generando en nuestras comunidades agustinas recoletas, presento varias iniciativas al respecto que pueden llegar a adquirir más fuerza y calado.

Fabián Martín Gómez OAR

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