Homilía Dominical Agustiniana

Solemnidades (23/06/2019)  

El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 

Génesis 14, 18-20

Salmo 109, 1-4 1

Corintios 11, 23-26

Lucas 9, 11b-17

“Entre las peticiones por esta vida de nuestra peregrinación, está: Danos hoy nuestro pan de cada día (Lc 11, 3). Danos los bienes eternos, [pero también] danos los temporales. Nos has prometido el Reino, no nos niegues el sustento. Nos darás la gloria eterna junto a ti, danos en la tierra el alimento temporal. Por eso decimos cada día y también hoy, es decir, en este tiempo. Cuando haya pasado esta vida, ¿acaso pediremos el pan de cada día? En aquel momento, ciertamente no se hablará de cada día, sino de hoy. Ahora, cuando un día pasa y viene otro día, se habla de cada día. ¿Pero, es que se dirá cada día, cuando sólo habrá un día eterno?

Verdaderamente esta petición del pan de cada día debe entenderse de dos maneras: o por la necesidad del sustento carnal, o por la necesidad del alimento espiritual. Tenemos necesidad de las comidas carnales para el sustento cotidiano, sin el cual no podemos vivir. También el vestido es un sustento cotidiano, sin el cual no podemos vivir. También el vestido es un sustento; pero aquí se toma la parte por el todo. Cuando pedimos el pan, en él entendemos todas las cosas. Los fieles conocen además que hay un alimento espiritual, aquél que ustedes han sabido que recibirán del mismo modo del altar de Dios. También él será un pan de cada día, necesario para esta vida. ¿O acaso recibiremos la Eucaristía cuando hayamos llegado al mismo Cristo y empecemos a reinar con él para siempre? Por lo tanto, la Eucaristía es nuestro pan de cada día, pero debemos recibirlo de tal forma que no sólo restaure al estómago, sino también al espíritu. La virtud que verdaderamente allí apreciamos es la de la unidad, para que convertidos en el cuerpo de Cristo, constituidos como sus miembros, seamos lo que recibimos. Entonces será verdaderamente el pan nuestro de cada día. Pero también lo que les explico es pan de cada día, y también las lecturas que escuchan todos los días en la iglesia son pan de cada día, y los cantos que siente y entonan son pan de cada día. Porque estas cosas son necesarias durante nuestra peregrinación. ¿Cuándo estemos en el más allá, escucharemos acaso la Escritura? Veremos y escucharemos a la misma Palabra, lo comeremos a él, lo beberemos a él, como hacen ahora los ángeles. ¿Por casualidad los ángeles tienen necesidad de libros sagrados, o de quién se los exponga o se los lea? De ningún modo. Ellos leen viendo, ya que ven a la misma Verdad y se sacian en aquella fuente de la que nosotros recibimos una salpicadura. Hemos entonces hablado del pan de cada día, porque en esta vida nos es necesario hacer esta petición.” (S. 57, 7)

“Ustedes deben estar al tanto de lo que han recibido, de lo que recibirán, y de lo que todos los días deben recibir. Aquel pan que ustedes ven sobre el altar, santificado con la palabra de Dios, es el cuerpo de Cristo. Aquel cáliz, o mejor lo que contiene el cáliz, santificado con la Palabra de Dios, es la sangre de Cristo. Por medio de estas formas quiso Cristo, el Señor, dejarnos su cuerpo y su sangre, que derramó por nosotros para la remisión de los pecados. Si lo han recibido bien, ustedes son los que han recibido. Efectivamente, el Apóstol dice: Porque hay un solo pan, nosotros, aunque somos muchos, somos un solo cuerpo (1Cor 10, 17). Así él expuso el sacramento de la mesa del Señor. Porque hay un solo pan, nosotros, aunque somos muchos, somos un solo cuerpo. En este pan se les indica a ustedes de qué modo deben amar la unidad. ¿Por casualidad, aquel pan fue hecho con un solo grano? ¿No eran muchos los granos de trigo? Pero antes de convertirse en pan estaban separados, fueron unidos por medio del agua, después de haber sido molidos. Si el trigo no es molido y rociado con agua, de ningún modo llega a tener esa formaque nosotros llamamos pan. Así también ustedes primero fueron como molidos con la humillación del ayuno y con el sacramento de los exorcismos. Llegó el bautismo y fueron rociados con agua como para tomar la forma del pan.

Son grandes misterios, verdaderamente grandes. ¿Quieren saber de qué manera nos fueron recomendados? Dice el Apóstol: El que coma el cuerpo de Cristo o beba el cáliz del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del cuerpo y de la sangre del Señor (1Cor 11, 27). ¿Qué quiere decir recibirlo indignamente? Recibirlo con desprecio, recibirlo en son de broma. No pienses que es cosa de poco valor por el hecho de que se la ve. Lo que tú ves, pasa; pero lo que significa, que es invisible, no pasa, sino que permanece. He aquí que se recibe, se come, se consume. ¿Se consume acaso el cuerpo de Cristo? ¿Se consume la Iglesia de Cristo? ¿Se consumen los miembros de Cristo? ¡De ningún modo! Aquí ellos son purificados, allá serán coronados. Por lo tanto aquello que significan permanecerá, aunque se vea pasar aquello que lo significa. ¡Ojalá que lo reciban pensando en ustedes, conservando la unidad en el corazón, teniendo el corazón siempre fijo en lo alto! ¡Que la esperanza de ustedes no esté en la tierra sino en el cielo! ¡Que la fe de ustedes esté firme en Dios y que sea agradable a Dios! Porque aquello que ahora creen pero no ven, lo verán en el más allá donde gozarán sin fin.” (S. 227)


Selección: Fray José Echávarri, oar

Traducción: Gerardo García Helde